martes, diciembre 31, 2019

A mi Isidora y a mi Lucas


No hay opción entre mis hijos y yo, no tengo ninguna alternativa, no hay desvíos, no existen espacios, no puedo perder ni el foco, ni la atención, no es opcional, “es mandatorio” dice mi alma cada día.

Hay muchísimos momentos plenos, llenos de alegría, de abrazarnos, de jugar, tengo la dicha de ver y observar toda la sutileza y torpeza en sus movimientos, puedo observar el cariño y amor que se profesan con cada gesto, cuando se defienden, cuando pelean, cuando se disculpan, cuando se regalan muecas desde el living al comedor, desde una pieza a la otra pieza, cuando corren de una pieza a la otra para saltar encima del otro, cuando uno le reclama al otro porque estaba comiendo sólo y el otro sólo atina a ofrecer. Cuando uno se acerca al otro y lo abraza de sorpresa y el otro sólo sonríe y me mira en éxtasis.


Esos son mis nenes, querendones, llenos de amor y bondad, esa es la parte ideal de mis Marin Pereira.

También tenemos enfrentamientos crudos, de enojos, de mil caras desagradables, de aguantarse las ganas de mandarme – como decía mi abuela - a freír monos al África. Tenemos discusiones y cuestionamientos, muchas veces no están de acuerdo conmigo, algunas veces callan y otras veces defienden sus ideas desde sus trincheras, muchas veces no tengo nada que rebatir, pero lo hago porque soy llevado a mis ideas, los castigo sin dejarlos salir a la calle, entrándose temprano, los reto y trato de tocarles la fibra, a veces resulta y otras veces no, pero así es la crianza y mi labor de ser el viejo desagradable y ogro. Soy taimado, me cuesta controlar mi enojo, no puedo cambiar mi estado de ánimo muy rápido, soy muchas veces duro al decir las cosas, son mis defectos y trato de mejorarlos, pero cada día cuesta más. Muchas veces me atemorizo por cosas que puedan hacer y como quiero que todo sea perfecto, me paso de la raya y luego tengo que devolverme y acércame a ellos humilde, tranquilo, con el corazón en la mano, no hay otra forma. Con mis nenes no hay fórmulas estrictas, no hay un checklist, no hay recetas a seguir, ellos necesitan adaptación, someterse al cambio y todo lo que ello involucra.

 Por esto y mil cosas más amo cada momento con mi Isidora y mi Lucas, amo cada enojo, amo cada error que cometen porque me dan la oportunidad de estar con ellos, de abrazarlos, de consolarlos, de animarlos, amo que se equivoquen y vean sus errores, amo que aprendan de la vida, amo que me digan que tienen todo los necesario en su corazón, que nada más importa, amo que uno llore por la tristeza del otro, amo cada abrazo sorpresa que me dan, amo sus miradas hacia su mamá, amo que disfruten el arroz con atún, amo que les guste acostarse con nosotros a pesar de estar apretados y muertos de calor, amo sus emociones, amo el universo paralelo que generamos cuando estamos en casa almorzando, desayunando, cuando vemos películas fomes, amo cada detalle de mis nenes, cada segundo, amo que se refugien en su mamá cuando estoy en modo ogro, amo que mi Pereira los defienda como leona y me rete en silencio.

Amo cada imperfección de mi Isidora y mi Lucas, amo cada imperfección de mis Marín Pereira, soy el hombre pleno que siempre soñé, gracias por todo esto, soy el hombre más feliz del mundo!!